¿Cálculos biliares?

Por lo general la gente no piensa en ellos… hasta que experimentan el severo dolor que acompaña a un cólico biliar: Un dolor que empieza usualmente después de ingerir alimentos, -sobre todo aquellos con alto contenido de grasas- se instala en la región debajo de la costilla derecha y puede extenderse (o traspasar) hacia la espalda.

Si bien, la duración de estos ‘ataques’ no siempre es prolongada (pueden ser solamente minutos) hay veces que duran de una a dos horas, e incluso más. Puede también acompañarse de náusea que ocasionalmente llega al vómito, y en contadas ocasiones este vómito puede aliviar los síntomas levemente.

La cosa es que, estos ataques no deben ser ignorados ni mucho menos considerados “parte de la vida diaria”. Los cólicos biliares suelen ser un aviso de que algo no anda bien con la vesícula, y esto puede llevar a complicaciones potencialmente severas.

¿Cómo se forman las piedras?

Los cálculos biliares tienen distintas composiciones, los más frecuentes son de colesterol, y es justamente la presencia en abundancia de esta sustancia en la bilis (un líquido producido por el hígado cuya función es la digestión de las grasas) la que propicia la formación de las piedras en la vesícula.

La vesícula biliar es un órgano en forma de pera que se ubica debajo del hígado y se encuentra conectado con este a través de los conductos biliares.

Ante la presencia de un exceso de colesterol en la bilis, se forman cúmulos que posteriormente se cristalizan y se agrupan para ir formando piedras: de ahí que el tamaño sea variable, en ocasiones múltiples y diminutas; y en ocasiones escasas pero de gran tamaño, aunque la gran mayoría no pasa del tamaño de una canica.

¿Y por qué causan dolor?

El dolor viene cuando los litos son demasiado grandes, o demasiado abundantes e impiden el adecuado flujo de la bilis: el dolor no lo causan los cálculos directamente, sino la vesícula al intentar contraerse para liberar la bilis.

Cuando la bilis se queda ‘estancada’ mucho tiempo, y las contracciones de la vesícula son abundantes  se propicia inflamación que eventualmente aumenta el grosor de su pared. Por otra parte, la obstrucción de los conductos que transportan la bilis (por piedras que logran salir de la vesícula) puede causar un flujo ‘en reversa’ de la bilis, con aumento de las concentraciones de bilirrubina, cambios de coloración en la piel, los ojos e incluso la orina y las evacuaciones, lo cual se conoce como ictericia.

La búsqueda de atención médica debe ser a la brevedad, dado que estas complicaciones pueden ser severas, e incluso poner en riesgo la vida.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

En realidad, cualquier persona -sin importar su género o edad- puede sufrir de cálculos biliares. Sin embargo, estadísticamente se observan más frecuentemente entre mujeres de los 20 a los 60 años. Sin embargo, se ha observado que después de los 60 años la incidencia es igual para ambos sexos.

Otros factores que incrementan el riesgo son los dietéticos: el sobrepeso y la obesidad que suelen asociarse a comidas con altos índices calóricos o grasas saturadas suelen ser más susceptibles a presentar litos en la vesícula. De igual forma, si bien no se establece una herencia, las personas con antecedentes familiares de problemas de vesícula suelen tener mayor riesgo.

Aunque no existen formas garantizadas de prevenir la formación de cálculos, el mantener una dieta balanceada y un peso adecuados por lo general es suficiente. Sin embargo, se debe tomar en cuenta que la pérdida acelerada de peso (por ejemplo, las personas sometidas a cirugías bariátricas) pueden también aumentar el riesgo.

¿Y si nunca me ha dolido?

No en todos los casos es necesaria la atención médica. De hecho, existen ocasiones en que los cálculos de la vesícula se tienen como hallazgo durante una revisión por algún otro padecimiento, pero jamás llegan a dar síntomas.

Ante la presencia de cálculos biliares que no interfieren con la función de la vesícula (y por lo tanto no generan molestias) la opción es continuar con una vida normal, tomando en cuenta las recomendaciones dietéticas para evitar los síntomas.

¿Y cuál es el tratamiento?

Aunque existen muchos “productos milagro” que prometen disolver las piedras en la vesícula, existen pocos medicamentos que realmente sirvan como tratamiento.

El ácido ursodeoxicólico tiene función para cambiar la concentración de la bilis, y se han reportado casos en los que algunos litos han reducido su tamaño e incluso desaparecido posterior al uso prolongado (mayor a seis meses). Sin embargo, su eficacia documentada alcanza apenas un 30% y solamente en cálculos pequeños.

La cirugía continúa siendo la mejor opción, y consiste en el retiro de la vesícula biliar. Esta cirugía suele ser de rutina en muchos centros hospitalarios y es uno de los procedimientos que más comúnmente se realizan. En la actualidad, salvo algunas excepciones, la cirugía de vesícula se lleva a cabo por laparoscopía: que consiste en la introducción de una pequeña cámara al abdomen, y el retiro de la vesícula a través de incisiones pequeñas y pinzas largas.

Por lo general la recuperación es rápida y se vuelve a la normalidad en poco tiempo después de la cirugía.

¿Y después?

La vesícula es un órgano importante, pero no se considera un órgano vital, por lo que la vida puede llevarse a cabo de forma relativamente normal y saludable incluso después de una cirugía de vesícula.

Al no tener un sitio dónde acumularse, la bilis fluirá directamente desde el hígado hacia el intestino, teniendo un proceso de adaptación durante el cual pueden existir molestias como diarrea ocasional. Algunos ajustes temporales en la dieta (disminución de las grasas o aumento de la fibra en los alimentos) puede ser suficiente para evitar estas situaciones.

El cuerpo suele adaptarse a estos cambios y la gran mayoría de los alimentos puede volver a integrarse a la dieta normal en poco tiempo.

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